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Morir lejos de México.  El drama de los inmigrantes mexicanos ante el 11-S y el 11-M

Sin duda, uno de los principales miedos de los inmigrantes, mexicanos o no, es la posibilidad de morir fuera de su país. 

El inmigrante se enfrenta a esa posibilidad de manera continua, independientemente de si las actividades que realiza implican o no un riesgo para su integridad física, como por desgracia hemos podido comprobar con las muertes de centenares de extranjeros –algunos de ellos mexicanos- en los atentados del 11 de Septiembre de 2001, y en los del 11 de Marzo de 2004, en Madrid, España.

Con su familia en su país de origen, la posibilidad que un inmigrante tiene de recibir ayuda en caso de un accidente grave o muerte, reside en sus amigos –muchas veces circunstanciales y con capacidad limitada para encargarse de una situación tan grave-, en ONGs y, en último término, en las autoridades diplomáticas acreditadas en el país donde se encuentre el afectado y en el gobierno del país donde suceden los hechos.

Los mexicanos tendríamos que preguntarnos si nuestras autoridades diplomáticas están preparadas y, sobre todo, dispuestas a ayudarnos eficazmente en estos momentos de contingencia. 

Por la experiencia de los atentados del 11-S y del 11-M podemos decir que no es así, que no existió ni la preparación y, quizás, ni la disposición para ayudar a los mexicanos afectados de alguna manera por estos terribles hechos.

Expongo brevemente los argumentos de esta afirmación:

  • Una ONG tuvo que pedir al gobierno de nuestro país que promoviera una “amnistía migratoria” para los mexicanos muertos en los atentados del 11-S.   No fue una iniciativa gubernamental, sino de una organización que reaccionó rápidamente ante la situación.
  • Jorge G. Castañeda, ex Secretario de Relaciones Exteriores, indicó apresuradamente tras los atentados del 11-S y sin datos oficiales de que “hay sin duda centenares de mexicanos que murieron en los atentados”, al tiempo que una ONG indicaba que se tenía conocimiento de un número de  fallecidos que apenas sobrepasaba la treintena.
  • Al ser preguntado el actual Embajador de México en España, Gabriel Jiménez Remus, sobre si había compatriotas afectados por los atentados del 11 de marzo en Madrid, dijo que “lamentablemente no se tiene un número exacto de ciudadanos mexicanos registrados en el Consulado” e hizo un cálculo de 10 mil conacionales que residen en España.  Ante esta situación, la duda que se plantea es cómo se puede ayudar a una persona de la que no se tiene constancia de su residencia en algún punto del país ibérico y con la que no se tiene forma de entrar en contacto.
  • No se tuvo una respuesta ante las propuestas hechas por quienes apoyamos la Iniciativa para el Reconocimiento de las Licencias de Conducir Mexicanas en España, en el sentido de:
    • Lanzar un llamamiento a través de un correo electrónico a los mexicanos residentes en España para conocer su estado de salud y saber si no se había podido contactar con algún familiar, amigo o conocido residente o de visita en Madrid.
    • Promover un registro de los mexicanos a través de internet, que, aunque no fuera oficial, podría servir para poder contactar rápida y eficazmente con los mexicanos residentes en España.

Por fortuna, en los atentados del 11-M en Madrid no hubo que lamentar la pérdida de ningún ciudadano mexicano, pero la necesidad de tener un registro de los mexicanos más eficaz aún no se ha resuelto.  No dudamos de las buenas intenciones de la embajada mexicana en España, pero la sensación de la colonia mexicana fue que hubo falta de celo y previsión ante esta situación.

Una última reflexión que es paralela al tema que nos ocupa.  Mientras que la respuesta del gobierno americano ante la tragedia del 11-S fue la de primar a sus ciudadanos y a aquellos inmigrantes con “papeles”, dejando para después a los extranjeros ilegales; en España, la reacción de las autoridades fue la de otorgar la residencia inmediata a los inmigrantes irregulares que sufrieron las consecuencias de los atentados, al tiempo que se apresuraron a pagar las indemnizaciones, sin distinguir nacionalidad ni estatus legal.  Incluso frente a situaciones parecidas, las respuestas no son siempre las mismas.

Todos los derechos reservados - Octavio Isaac Rojas Orduña.

Publicado en MX Sin Fronteras.

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