Contra el temor

 

Cansado como estoy

-exhausto-

con ese bostezo

comiéndose mis fuerzas,

apagando la luz

de la esperanza del día

hago un recorrido feroz

por la luna oscura

y oculta

que siempre termina

su órbita en mí.

Héctor me sigue

va conmigo

en mí

me deja un rastro claro

como el sudor de su muerte.

Frente a nosotros

se deslizan, pesados,

como trenes subterráneos

que hacen muescas a los rieles

todos los temores

que había olvidado.

Mi padre siempre fue

el imaginaria de

mi ejército interior.

Ahora,

me siento como un Adán vestido

que le debe la vida

al guijarro por no matarle,

a sus manos por su trabajo,

al tiempo por alejarse.

Desamparado

como el sol ante un eclipse,

nuevamente

tengo miedo por mi escudo roto.

Por eso vine

para pedirte que sigas siendo

                                      siempre

-siempre-

esa luz del camino sin mis pasos.