Mudanzas
En realidad,
siempre nos estamos mudando.
En todo momento,
de todas partes.
Cuando nos privamos de dos
minutos
de sueño
dejamos ese día coja a la
esperanza.
En la calle,
al mirar a una mujer pasar
sin sonrojarse,
permitimos que un ángel
detenga
su camino.
¡Qué idea pensar que tenemos
que llevar la vida a cuestas
para poder mudarnos,
cuando se nos olvida
en los cajones de la casa
hasta lo más indispensable!
Mudarse es huir un poco
morir otro poco
y esconderse de todo.
¡Cuántos yo se pierden
en las mudanzas!
Ignoro si es mejor así.
No podemos desembarazarnos
de nuestros ojos, de nuestras
manos,
pero, ¡ay, de nuestra memoria!
Esa pobre sí se queda
en cada encrucijada
en cada libro
en cada orgasmo
en cada zapato.
En realidad,
siempre nos estamos mudando.
Es una bonita forma
de borrar nuestros rastros.
No hay mejor manera
de guardarse los adioses
que con una mudanza bien
montada,
sólo se necesita un camión y
listo.
Lo siento por los fantasmas,
por las cruces sin descolgar,
por las paredes insomnes.
Mudarse por la mañana
apenas cuando la luz
despierta.
Mudarse por la tarde
sin sal de sol ni luna rota.
Mudarse por la noche
para capturar al ladrón de
suspiros.
Es verdad,
siempre nos estamos mudando.
Hoy tenemos este nombre
y una sangre mentirosa,
Contamos en esta historia
una sola borrachera
-orgía única-
sombra de cópula.
Hemos de empacar todo
antes de irnos
y aprovechar
para dejarnos olvidados
en algún antiguo hogar.