Tercio
El reloj de arena derramado
en un desierto
Los oasis tienen sólo nombres
de mujer
en ellos me rehago
de vez en cuando
orado la humedad
buscando agua
¿Dónde está nuestro manantial
de manos
de almohadones tibios
de sudores recientes?
Hay que cruzar
Hay que moverse
sólo estos pasos lograrán
espantar a los demonios.
Las palmeras repentinas
prometen una playa vestida de
mar
y de sargazo
donde los cangrejos no huyan
y los caracoles marinos
nos duerman con sus historias
oceánicas.
Aquí, allá, detrás de las
nubes consumadas
quebrando el horizonte de un
crepúsculo
improbable
un norte sin sur
y un oeste sin viceversa
Puedes quemarte los pies
o dejar exhaustos
como putas con hijos
a tus ojos abiertos
o bien puedes encontrar tu
pico de estrella
y olvidar tu búsqueda
de una buena vez.