Ojos cerrados

 

Uno olvida rápido

porque así es más conveniente

porque muchas veces

         las conclusiones duelen

como dardos envenenados

         de una tribu primitiva.

 

Se comenta

se sabe

que no hay contabilidad

susceptible al recuerdo,

que los únicos que siempre

         llevan la cuenta

son los que lo han perdido todo.

Por eso

mejor olvidarse rápido

y sin espectáculo

esperar

-si hemos tenido suerte-

en nuestro sitio

a que la incertidumbre termine

a que el poema acabe

a que la luz se pierda

en nuestros ojos cerrados.