Historia
En medio del campo
un pasto crece
sin mayor límite
que el hocico de los ciervos.
De repente
por ahí brinca
el indiscreto tallo
y comienza su ascenso
de naturaleza
de estrella de este mundo.
Sus ramas tempranas
dan sosiego
al ave pasajera
y cuando se despiden hasta el
próximo verano
se permiten un poco de
nostalgia.
Sin detenerse
el árbol en el que se ha
convertido
tiende sus hojas al cielo,
así, cuando llueve,
sin pedir permiso,
cuelga su forraje
en la constelación más
cercana.
No le teme a nada.
Llega a los cien años
y sigue siendo un feto
plantado en las entrañas de su madre.
Un día llegan unos hombres.
Lo cortan
y hacen leña de su regazo.
Da poca llama
calor mediocre,
y prefieren dejarlo pudrir
en medio del bosque.
La polilla come
su memoria.
Pocos se acuerdan del pasto
y sólo extraña el árbol
el ave sin nido
que murió sin haber hallado
veraniega casa.
Ahora nadie añora
nada
y en medio del bosque
los ciervos buscan
su alimento.