Mujer de lona
Abriendo las ventas de
la noche
minutos antes de romper
el desvelo
guardo, al tiempo, de a poco
mis sentidos
y encallo en pequeñas
certidumbres.
Ella saluda mis poluciones
nocturnas
mi pequeña puta
la nena ensangrentada.
Más o menos lo mismo
que los otros
aproximadamente las mismas
preocupaciones
los líos consuetudinarios
las ínfimas dudas
y ella sigue ahí.
La entrego
-vendo-
con mi ausencia.
Desconozco los nombres
de mis clientes
ignoro si hay que
temerles
o reiterar,
una vez más
(aunque nadie me lo pida),
que mi pequeña puta
no les dirá nunca
la última palabra.
Ella me pidió
unas letras
de lejos,
a control remoto.
Yo le prometí
una sonrisa
cada mes.
Mi pequeña puta
mi mujer de lona
la que me deja plantado
porque llega tarde
o porque nunca llega.