Palabras
de lejos
En todo caso
que tuviéramos dos horas,
¿cómo sería nuestra paciencia?
Ya la voz de este país
se adelgaza
como el ánimo
cuando se enfrenta a la ausencia
y al abismo.
Y es que las calamidades
siempre vienen juntas.
Esos niños de las paredes
con el pan enmohecido entre sus dientes,
ese vino agrio con su luz perdida,
esa alhaja tibia y esas grandes nalgas
celulíticas,
esta pequeña niña que golpea
su cabeza contra un mazo.
Tú me has visto
sin nada,
lánguido e
insuficiente,
gris y entumecido,
y aún guardas mi secreto.