Constancia

 

Mi madre yace

dormida

junto donde

mi padre

cayó muerto.

Aún hay humedad de nuestras

                                     lágrimas,

todavía las paredes

de la tumba en que

se ha convertido la casa

guardan, celosas,

los ecos de

los sollozos con los que

nos despedimos de

su cuerpo sin fuerza,

pesado como nunca,

abandonado.

Mi madre duerme,

se da una tregua

en su dolor,

finge que

la soledad

con la que ahora comparte la cama

se horroriza

con otra persona.

Entonces soy amuleto.

Mi madre respira

dormida

y el subir y bajar

de su vientre

es el único signo

que me dice

que no acompaña

a su esposo.

Mi madre duerme

sólo quería dejar

constancia

de ello.